Cerrando la maleta me di cuenta que no pesaba mucho, pero sabía que ahí dentro no solo iban ropa y zapatos. Ahí cargaba recuerdos, promesas vacías y besos que ya no volverían.
Me veo en el espejo, jalo aire y me paso la mano por el pelo.
“Te escribo esta canción, pa’ que te acuerdes de mí”, pienso con una media sonrisa.
Cuántas veces juré que ese amor era mi mundo. Que él era mi mundo. Pero el tiempo me enseñó que los mundos se acaban y que uno tiene que aprender a rehacerse con lo que queda.
El problema es que los recuerdos son bien traicioneros, se cuelan por la ventana, llegan con el olor a lluvia, con los acordes de una canción que suena en la radio, con el sabor de un café colao’ en la tarde.
Cerré la maleta con coraje y miré alrededor. La cama desarreglá’, la foto en la mesita de noche, el perfume que ya no usaba.
Hoy me iba. Y esta vez, pa’ no mirar atrás.
Me subo a mi moto, sintiendo cómo el calor de la calle me da de lleno en la cara. Me quito las gafas, acelero y dejo que el viento me despeine mientras sonrío.
Ahora bailo como me da la gana, me muevo como quiero, beso a quien me da la gana.
Porque ahora sí sé lo que quiero.
Y descubrí que más que un amor sincero, lo que realmente valoro es mi libertad.
- Bri “La Pelua”
¿Cuál es ese recuerdo que guardaste por mucho tiempo y un día decidiste dejar ir?